Hoy me gustaría dejaros esta obra pero no para hablar de ella, sino de otra cosa, ya que prefiero que el significado se lo deis vosotr@s. Hago un salto de línea y voy a ello ^^.
Quiero hablaros de la clase de hoy, del día de hoy, de todo en general.
Hoy ha sido un día tanto de mierda como de buena suerte, y no sé cómo sentirme al respecto. Me he despertado a una buena hora, sobre las 10 o así, y he ido directo a la ducha. Tras llevarme 40 minutos en la ducha (literalmente), me he secado, peinado y vestido, todo para estar hasta las 14:00 en un estado de ánimo mezcla de aburrimiento, agobio y nervios. Bien, jugué con el PC, me calenté los filetes de la sartén, me hice un bocadillo con ellos con intención de comérmelo en el descanso de la academia pero acabé usándolo para el almuerzo.
Tras una hora más o menos en coche en hora punta de mi pueblo a Sevilla, me encontré con Cristina (la profesora de Recursos Humanos) hablando con Fran (alumno y gran compañero) sobre arteterapia, lo cuál me hizo sentir bien porque parte de esa conversación la originó el hecho de que en la última clase le enseñé algunas de mis obras, en especial "Alegría" (colgada en este blog).
Doy un paso narrativo, nos encontramos en la clase de informática, picándome (enfureciendome, viciándome) con una página web de programación en bloques. Adelanté bastante, me resultaba extrañamente fácil teniendo en cuenta que no he usado ese tipo de webs apenas. Llegó un momento en el que Guille y yo nos enfurecimos tanto con una fase de programación que estuvimos literalmente hasta el fin de las 3 horas que quedaban buscando una solución, hasta que hice trampas y lo busqué en google. En el descanso tuve una suerte tremenda, pagando con 1 euro una palmera de 60 céntimos me dio un cambio de 95 céntimos, casi un euro, poderoso caballero es Don Dinero. Tras el descanso estuvimos en la clase de Recursos Humanos, donde todo el mundo empezó a cantar y me sentí demasiado incómodo, no por vergüenza, sino porque no estoy acostumbrado a estar en un ambiente tan fiestero, y no sé cómo reaccionar ante estas situaciones. Lo único que pude hacer fue aplaudir junto al resto sin haber oído nada más que mis voces internas tranquilizándome. Al llegar a casa, volví a sentirme incómodo, y mientras escribo esto sigo estando incómodo, pero no por aquellos cánticos de mis compañeros, sino porque estoy mentalmente agotado.
En fin, lamento haberme desahogado con vosotr@s, os lo compensaré en otro momento. Que paseis buena noche, hasta luego.

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